El repollo es un alimento difícil de digerir

En el relato de 1839, El diablo en el campanario, Edgar Allan Poe cuenta cómo los habitantes de Vondervotteimittiss ordenan su vida alrededor del reloj que se encuentra en el centro del pueblo. «Juramos fidelidad a nuestros relojes y a nuestras coles» –afirman–. Sus manecillas marcan el ritmo de toda acción, gesto y movimiento; la respiración, la mirada, la calada, el juego y el fuego.

Al describir minuciosamente el aspecto y las costumbres del pueblo, Poe introduce una figura de la que dice: «Entre cada col y el reloj se encuentra, además, un muñeco chino, panzudo, con un gran agujero en medio de la barriga, a través del cual puede verse la esfera de un reloj». 

Esta figura, con un aspecto similar a los habitantes de Vondervotteimittiss, parece querer indicarnos cómo los biorritmos de los personajes están al servicio del reloj. «En resumen, los buenos burgueses estaban encantados con su sauerkraut, pero orgullosos de sus relojes» –comenta Poe–. Su cuerpo ha sido vaciado y a través de su estómago ahora sólo vemos un reloj que sustituye la carne y el hueso. En palabras de Marta Labad, «El cuerpo es sometido y transformado por el orden temporal regulado por el reloj, y nos obliga a preguntarnos si estos viejecillos siguen siendo humanos o se han convertido ya en reloj, es decir, en máquina».

El repollo es un alimento difícil de digerir
se trata de una muestra de diferentes objetos que trazan una conversación entre el relato de 1839 y el régimen de organización neoliberal, donde los cuerpos se sincronizan con el minutero en un horario cambiante e impredecible: un escenario de ocupación continua e inestabilidad horaria en el que, al igual que en el cuento de Poe, los biorritmos y los espacios-tiempo dedicados a la comida y al sueño se ven marcados por el hueco libre, el agujero o el entretiempo que resta desde que acaba una forma de ocupación y empieza la siguiente. Como apunta Remedios Zafra: «La suma de horas nos ha ido creando un agujero entre espalda y estómago y en el trance vivimos con trabajos que   nos dan la vida y trabajos que nos dan dinero».